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viernes, 11 de marzo de 2011

Sistemas automáticos vs personas: 3 casos concretos


No es la primera vez que hablo de los sistemas automáticos, y de cómo me parece que son buena idea, pero al no ser infalibles, tiene que haber una persona detrás para corregirlos cuando fallan.

Este fin de semana he tenido tres oportunidades de comprobar como al fallar los sistemas automáticos, las respuestas no siempre son iguales...


El primer sistema en fallar fue una máquina de vending. En la propia máquina ponía un número de teléfono en el que reclamar en caso de avería. Al llamar... un contestador. Del que dudo que jamás reciba respuesta. Primer fallo de la atención humana cuando lo automático falla.

En el segundo caso, fue un sistema de venta on-line el que fallo. Adicionalmente, la primera persona que trato de corregir el desaguisado de ese sistema automático, no pudo hacerlo porque se dio de bruces con un error del propio sistema. Finalmente, el responsable último de que la transacción del sistema llegara a buen fin, consiguió que el error del sistema automático se corrigiera.

El tercer caso fue un poco el contrario al anterior. La primera persona que al darse cuenta de error del sistema automático, nos quiso ayudar, lo hizo de mil amores. Pero al llegar al responsable último, paso de nosotros. Y bastante que hizo que no se dedico a fastidiarnos cuando, ante su inacción, solucionamos la situación 'tomándonos la justicia por nuestra mano'.

Como en el curso de ética periodística... recomiendo la situación numero 2 para cuando se monten sistemas automáticos, porque las otras corren severo riesgo de no dejar satisfecho al cliente.

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viernes, 10 de diciembre de 2010

Qué hacer en un puente.

Una tarde de compras.

Dormir una mañana entera.

Ir al cine.

Reestructurar los sistemas multimedia.

Colocar los muebles de la sala.

Invitar a unos amigos a comer a casa.

Salir con la cuadrilla a ver un partido por la tele.

Comprar leche de vaca en máquina.

Unas pocas fotografías otoñales.

Eye Toy Play con el sobrino.

Organizar el despacho.

Poner al día el blog.

Un viaje relámpago a Lekeitio

45. Durangoko Euskal Liburu eta Disko Azoka

Una tarde de ventas.

Una visita en la Asociación.

Un pequeño viaje en tren.



Vale, al final en el puente no he podido ir a hacer el Camino de Santiago, perdiendo la que puede ser la última oportunidad del 2010. Tampoco hemos podido ir a ningún sitio por ahí. Pero bueno, no se puede decir que se haya desaprovechado el tiempo...

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jueves, 28 de octubre de 2010

Alina


Buenos días, Alina.

Tú no me conoces, pero acabo de ser tu cliente.

Has empezado a atenderme con una sonrisa, que encajaba perfectamente con tu melena rubia y tus rasgos centroeuropeos.

Pero de repente, ante una petición más que razonable, nos has contestado a gritos. Y nosotros sólo queríamos pagar!


Y además, después de los gritos, has tardado un montón en hacer caso a la razonable petición... si preferías que no pagáramos, con sólo habérnoslo dicho, no habríamos tenido ningún problema.

Pero a lo que voy, Alina, es a que me ha parecido que no eras consciente de lo que está pasando. A día de hoy, con la que está cayendo, eres afortunada por tener un trabajo. Y precisamente por ello, deberías esforzarte en hacerlo de la mejor manera posible. Es cierto que todos podemos tener un mal día, pero tu trabajo consiste en atender a los clientes, de la mejor manera posible. Trabajas cara al público, y hoy, tu manera de actuar no ha sido la correcta. Por favor, no grites así a los clientes. Es un consejo. No es solo por ellos, también por tí.

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viernes, 20 de noviembre de 2009

Burocracia

En una gran empresa de nuestro país, quieren modificar el sistema de control de accesos. Para ello, diseñan un sistema único de entrada y salida mediante token encriptado, a utilizar en la entrada, tanto a pie como en coche.

Los usuarios deben solicitar ese token para poder entrar, según avisa un correo electrónico enviado desde la Dirección.

Cinco días antes del cambio, para que no haya problemas, un trabajador acude a dirección para que le den ese token.

"Buenas, venía a por el token"
"No te has leído la carta? Eso se hace en secretaría"

Vale, a secretaría. 20 minutos de cola

"Buenas, venía a por el token"
"Sí, te lo gestiona el administrador"

Vamos al despacho del administrador.

"Buenas, venía a por el token"
"Te hemos avisado de que ya está listo?"
"No, venía a pedirlo"
"Pues no, primero tienes que solicitarlo. Lo hace Cristina, en secretaría"

Vuelta a secretaría. Esta vez sin hacer la cola.

"Hola. Cristina?"
"Está ocupada. Esperale aquí."

Esperando... 5 minutos más... llega otro con la misma historia...

"Buenas, tenía que estar con Cristina, para pedir el token"
"Sí, un momento.. Cristina... sí, pasa"
"Pero si yo estaba para lo mismo"
"Has dicho Cristina? Te he entendido Patricia. Sí, pasa, pasa..."

Donde Cristina:

"Buenas, venía a solicitar el token"
"Si, perfecto, firma aquí"
"Estará para poder entrar a trabajar dentro de 5 días?"
"No, esto tarda 15 días en fabricarse"
"Entonces cómo voy a entrar a trabajar?"
"No lo sé, yo lo que hago es procesarte esta solicitud"
"Y a quién le puedo preguntar?"
"No lo se, yo lo que hago es procesarte esta solicitud"

Total, un trabajador que ha perdido 45 minutos de trabajo, y que además no sabe si podrá entrar a trabajar 5 días después o no.

Como os imaginareis, esto es una situación real, que le ha sucedido a alguien que conozco, en la que los nombres y algún otro dato ha sido modificado para evitar problemas...

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martes, 6 de octubre de 2009

Impunidad

Desde hace ya un par de meses, el coche nos está apareciendo con unos rayones, de estos que el típico cabrón, de vez en cuando, se dedica a hacer con una llave. Además, apretando a mala hostia, de forma que consigue levantar toda la capa de pintura y llegar hasta la chapa.

No sabíamos dónde nos los hacían: en casa, en el trabajo, en Ikea, en la playa... hasta que, por eliminación, lo hemos descubierto. Es decir, hemos descubierto dónde, pero no quien.

Ayer estuvo la jefa intentando dar un producto de estos que hay para eliminar arañazos. Lo malo es que solo funciona cuando son leves, cuando no están hechos tan a mala hostia como para llegar hasta la chapa. El caso es que lo dejó a la noche, al ladito de casa, justo bajo el balcón, habiendo onseguido disimular algunos, y otros, pues no.

Esta mañana, al ir a coger el coche, tenía uno nuevo. Además, recién hechito, con las virutas de pintura todavía pegadas al rayón. Así que está claro: ha sido algún vecino. No sé por qué tendríamos que tener enemigos, pero...

El caso es que por ese (a) cabrón (a) aburrido (a) tenemos el coche, con 6 meses, con la chapa hecha una pena. Y con la mala hostia que se te queda al saber que, encima, no hay nada que hacer. Joder, si se atreve a hacerlo delante de nuestro mismo balcón! No hay como pillarle (salvo que la casualidad dijera otra cosa, y no vas a poner una denuncia por eso. O sí?

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viernes, 11 de septiembre de 2009

Argumentos 'ad hominem'

Llevo muchos años participando en foros de internet, y en debates privados fuera de la red. Y, en este tiempo, he desarrollado una pequeña capacidad para saber cuando he de abandonar el debate. Por las buenas, cuando los debatientes nos damos cuenta de que, finalmente, estamos de acuerdo, y no nos queda nada que debatir. Por las malas, cuando el debate rota hacia los argumentos 'ad hominem', es decir, cuando se dejan de criticar ideas para pasar a criticar personas.

Cuando alguien se queda sin argumentos hasta el punto de tener que llamarme 'fascista', 'intransigente', 'vendido', 'snob' o 'niñato sin criterio', o incluso tener que leer 'eres un mentiroso como tu padre' (viniendo de alguien que no me conoce a mi ni a mi padre), es evidente que ha llegado el momento de abandonar el debate, dado que yo no estoy ahí para que me insulten (huelga decir que todos los ejemplos son reales).

Sin embargo, vengo comprobando que en algunos casos hay gente que simplemente no entiende, o no tiene muy clara esta distinción entre la crítica de las ideas y la crítica de las personas. Además, en ambos sentidos. Por un lado quien después de insultarme, y consecuentemente retirarme yo del debate, critica esta retirada, negando el insulto o insinuando que estoy obligado a soportarlo porque simplemente es parte del debate. Por otro, quien no soporta que se rebatan sus argumentos, y por no dejar que su perorata sea tomada como pensamiento único, empieza a decir que se le está insultando, y que se está cohartando su libertad de expresion (pues mira, majete, yo tengo la misma libertad para expresarme que tu, y si no te gusta, de lo tuyo comes). O bien, el caso de un amigo (lector para más señas, y que apuesto que algo comentará) que, después de que alguien ha enjuiciado un escrito suyo (tildándolo de inaceptable por unos adjetivos vertidos en el primer párrafo) contesta diciendo 'me ponen a parir'. Y desde el cariño le digo: no, no te equivoques. No te han puesto a parir a ti, la crítica iba dirigida hacia tu escrito. Con argumentos erroneos, cierto... pero solo enjuiciaba tus ideas, no a tí. Y eso, a priori, debería de ser válido.

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jueves, 23 de abril de 2009

Energúmenos

Pocas veces me pasa encontrarme con cafres que no tienen la más minima idea de relacionase socialmente con las personas.

Primer una persona de toda la vida, que se encuentra onmigo estando con un grupo de gente.

"Hombre, que tal!"
"Pues nada aquí, comentando de esto"
(A voz en grito) "Pues no es el momento de hablar de eso, porque ya esta bien, porque se hace en otro momento..."
"Hombre, pero es que..."
(A voz en grito otra vez) "Pero es que nada, porque no tengo por qué escuchar esas cosas, que luego siempre estamos igual, que..." y se larga, pegándome gritos, y sin dejarme hablar. Y el resto de la gente que estaba conmigo, alucinando, cómo se pued ser tan cafre, ponerse en ese plan gritón, sin siquiera dejar hablar.

Por cierto, que su nuera va a leer esto. Obvio su identidad para quitarle de problemas diciendole a su suegro 'tranquilizate un poco con este'.

El segundo, un ciclista que se salta un semaforo en rojo en el campo volantín cuando estamos pasando la jefa, Mendi y yo. Al recriminárselo, se pone en modo vaca-buey:

"Callaos, joder, que no os he molestado"
"Pero las normas están para cumplirlas, y luego, cuando los ciclistas intentamos reivindicar cosas, otros usan como argumento a lagente como tú"
"Callate que más molestais vosotros siempre en medio con el perro"
"Alguna vez me has visto a mi en medio con el perro?"
"A ti no, estoy generalizando"
"Pues si yo no hago las cosas mal, conmigo no generalices diciendo lo que hacen otros"

Si es que con vaya panda de gilipollas nos toca bregar a veces....

lunes, 8 de diciembre de 2008

El dinero no da la felicidad

Anteanoche, estaba tomando unas copas (todo sin alcohol, que hay que coinducir) por Castro, cuando me encontré con un típico personaje de las barras, que algunos saben llevar mejor que otros.

Me estoy refiriendo al típico señor mayor que se emborracha y va por bares en los que la media de edad es 40 años menor. En mi caso, tenía más de 70 años, y era comercial de un producto muy demandado en estas fechas.

Se acerco, y empezó la conversación diciendo que éramos extranjeros. En un momento, se puso a hablar de política ("porque Franco era un tío muy listo, e hizo las cosas muy bien, les dió todo el dinero a los vascos y los catalanes, y por eso tienen toda la industria", decía, y como para intentar llevarle la contraria). Enseguida, pasó a su vida personal ("porque mi mujer ha muerto hace 6 meses y mis hijos solo quieren las casas que tengo"), y, un ratito después, pasó al dinero: "porque tengo nosecuantas hectareas de tierra, porque tengo nosecuantos millones, porque con esto que he vendido estos días he ganado más de dos millones en un mes"). Y enseñaba su muestrario en la barra del bar. Lo último, las invitaciones "porque estas copas os las pago yo" (que no le dejamos), "porque cuando vengas a mi pueblo pregunta por mi y tienes casa para dormir, como si es un año", "porque cuando venda las tierras cuatro millones son para ti". No olvidemos que era un perfecto desconocido...

En este punto nos fuimos, porque el "ambiente" empezaba a ser demasiado agobiante. Pero, en todo caso, dos reflexiones: la primera, que qué triste es llegar así a esa situación (y qué triste que alguno vaya a llegar, indefectiblemente, como no corrija un poco su vida). La segunda, que suponendo que era verdad lo que este hombre contaba sobre todas sus pertenencias y posesiones, y rodo el dinero que tenía... es evidente que todo él no había servido para darle la felicidad. Porque yo me atrevo a elucubrar que ese hombre no parecía feliz, en esa situación.

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